Sube la recaudación en dólares y Luis Caputo se aferra a su plan

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Hay un indicador del que pocos se acuerdan, pero que para el gobierno tiene una importancia fundamental: la recaudación impositiva, medida en términos de dólar. Y ese indicador acaba de pasar un punto de inflexión: por primera vez en la era de Javier Milei, ese monto superó al que se recibió de parte de Sergio Massa en la gestión anterior.

La recaudación en dólares marca, entre otras cosas, la capacidad para sostener el declarado objetivo del superávit fiscal, el principal logro que el gobierno exhibe ante los críticos de su programa económico, incluido el Fondo Monetario Internacional.

Y este punto explica, en buena medida, la negativa de plano que ha mantenido Luis Caputo ante cada queja, consejo o insinuación en el sentido de que debería revisar su política de crawling peg al 2% mensual, que ha llevado a una suba en dólares de todos los precios de la economía.

Ocurre que, en ese proceso de encarecimiento en dólares, poco han sido más beneficiados que el fisco, que en lo que va del año incrementó su ingreso un 185% cuando se lo calcula en moneda estadounidense.

En mayo, la recaudación impositiva medida al tipo de cambio oficial fue de u$s14.940 millones. Es cierto que se trató de un mes en el que la caja de la AFIP recibió un aporte excepcional por el impacto de la devaluación sobre el impuesto a las Ganancias. Pero, ya en abril, antes de que se diera ese efecto, la recaudación había alcanzado el equivalente a u$s9.878 millones, lo cual supera el registro de noviembre del año pasado, cuando se había recaudado u$s9.478 millones.

El monto logrado en mayo pasado supera incluso el que se registraba hace un año, cuando en plena campaña electoral el tipo de cambio oficial se mantenía fuertemente atrasado: en aquel momento, la recaudación tributaria, al dólar oficial, equivalía a u$s13.271 millones. Eran cifras altas, que superaban incluso a los registros de 2017, el año de los “brotes verdes” de la gestión macrista, cuando todavía el país disfrutaba los efectos de un flujo crediticio que ayudaba a las reservas del Banco Central y atrasaba ostensiblemente al tipo de cambio.

El ministro Caputo volvió a desmentir los rumores de devaluación y ratificó la política de crawling peg al 2% mensual

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Efecto de la inflación en dólares

Entonces, ¿es necesariamente motivo de celebración el hecho de que la recaudación en dólares ya sea comparable con las de otros momentos de la historia reciente que fueron la antesala de devaluaciones? Ahí radica uno de los grandes debates de este momento y, para muchos, el talón de Aquiles del plan económico. Por un lado, es cierto que este indicador está mostrando una capacidad de manejo del plano fiscal como hacía tiempo no ocurría. Pero, por otra parte, es también un reflejo de cómo la economía ha perdido competitividad a velocidad acelerada.

Puesto en cifras, en los primeros cinco meses del año, la inflación acumulada fue del 71,9%, mientras que el dólar oficial apenas se deslizó un 10,7%.

Esa diferencia de velocidades entre la devaluación y la inflación tiene un fuerte impacto en la caja fiscal, porque implica que todos los ingresos ligados a la actividad comercial e industrial, como el IVA o el impuesto a las Ganancias, tendrán una suba más alta si se las mide en dólares que en términos reales.

En menor medida, los impuestos ligados al comercio exterior, como el impuesto PAIS aplicado a la importación y las retenciones a la exportación agrícola -cuya evolución depende más del dólar que del nivel de precios internos- también han reflejado una mejora, aunque en este caso se debió a incrementos en las alícuotas o a mejoras de los volúmenes comerciados y a los precios internacionales de los commodities.

El resultado es que la recaudación no solo superó al tipo de cambio oficial, sino que también fue mayor que la “inflación en dólares”. Los precios promedio de la economía se encarecieron un 55% desde enero hasta mayo, cuando se los mide en moneda estadounidense, pero la caja fiscal se incrementó en un impactante 185%.

Antecedentes inquietantes para Luis Caputo

Es ahí que se explica mejor por qué Caputo se ha preocupado por desmentir en cada discurso público y en las redes sociales que la economía argentina esté afectada por un retraso cambiario que perjudique su competitividad. Si cediera a las presiones por acelerar el crawling peg, no solamente estaría arriesgando un contagio a precios, sino que, además, empezaría a perder esa ayuda inestimable de una recaudación tributaria que, aun en una profunda recesión, lo pone en situación de superávit fiscal.

Y ni que hablar si ocurriera un salto devaluatorio brusco: la historia reciente muestra cómo una de las consecuencias inmediatas es una reducción de la recaudación tributaria en dólares.

Hay ejemplos de la gestión macrista, justo cuando Caputo conducía el Banco Central: en julio de 2019, cuando el dólar cotizaba a $45, la recaudación mensual era de u$s10.011 millones, pero en septiembre, luego del impacto político por el revés oficialista en las PASO y la brusca devaluación que llevó al peso a $60, la recaudación tributaria se desplomó. No en pesos, claro, sino en dólares: fue de apenas u$s7.346 millones.

El ingreso por recaudación de impuestos, medido en términos de dólar, ya supera al que se registraba antes de la devaluación de diciembre

El ingreso por recaudación de impuestos, medido en términos de dólar, ya supera al que se registraba antes de la devaluación de diciembre

Lo mismo le ocurrió a Massa luego de las PASO del año pasado, cuando por presión del FMI llevó el tipo de cambio desde $275 a $350. La recaudación de agosto -medida en dólares- cayó 10% en un mes para ubicarse en u$s11.606 millones.

Y, finalmente, la devaluación anunciada por el propio Caputo en diciembre del año pasado tuvo el mismo efecto: la recaudación en moneda estadounidense se desplomó un 44% en un mes, para ubicarse en apenas u$s5.239 millones.

Esto deja a las claras una de las grandes disyuntivas a las que se enfrenta el Gobierno: si acelera la tasa devaluatoria, como le pide el FMI y buena parte del empresariado, entonces sus ingresos caerán medidos en dólares. Pero si no lo hace, se arriesga a que la economía pierda competitividad, con lo cual las exportaciones podrían perder empuje, al tiempo que se exacerbarían los incentivos para importar.

El factor dólar blue en la recaudación

También es cierto que los críticos del gobierno tienen un argumento fuerte al relacionar el tipo de cambio y la recaudación fiscal. Como suelen recordar los economistas veteranos, las devaluaciones han sido históricamente una forma de sanear las cuentas fiscales porque el nivel de gasto se reduce bruscamente medido en dólares, mientras que el ingreso de las exportaciones se mantiene inalterado.

En otras palabras, con el mismo nivel de exportación se puede financiar un mayor volumen de gasto. Y es por eso que tantas veces la devaluación ha sido vista como el remedio para una situación fiscal descontrolada. De hecho, en diciembre del año pasado se volvió a ponderar esa argumentación a la hora de llevar el dólar oficial a $800.

Sin embargo, en este momento en particular, el equipo de Caputo cree que una devaluación no traería un efecto beneficioso. Más bien al contrario, el temor es que con un dólar más alto se exacerbe otra vez el proceso inflacionario, lo que haría crecer el gasto -tanto nominalmente como en términos de dólar- y de esa forma se neutralizaría rápidamente el beneficio del mayor ingreso por impuesto PAIS y por retenciones al agro.

Hay, además, otro aliciente para que Caputo defienda su política de devaluación en cuentagotas: a diferencia de lo ocurrido en otros momentos de retraso cambiario, no se ha producido una escapada del dólar paralelo.

Y esa también es una fortaleza cuando se considera la recaudación tributaria: lo que ingresó a las arcas fiscales en mayo pasado resulta similar al registro de 2023 si el cálculo se hace al cambio oficial. En cambio, cuando se utiliza en dólar paralelo, la situación es muy diferente: el ingreso actual es un 130% más alto que los u$s6.486 blue de hace un año.

En definitiva, hoy, cuando la prioridad es el superávit fiscal, los incentivos juegan a favor del sostenimiento de la actual política de retraso cambiario. Pero la contracara de la suba de la recaudación fiscal es que, del otro lado del mostrador, los gastos también suben rápido cuando se los mide en dólares.

Y el mayor riesgo asociado a esta política también se está evidenciando en estos días: una ralentización de la exportación del campo, en la medida en que los productores se convencen de que una corrección cambiaria a mediano plazo resulte inevitable.





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